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El “naming” y el “cosmopaletismo” Por @rafaelcerro Vía @XYZdiario



POR RAFAEL CERRO

La verdad es que cuando empezamos a decir módem no había una alternativa española plausible para el modulador demodulador, ese aparatito que transforma la señal telefónica. Cuando nació la palabra tuitear, seguramente todos lo celebramos como necesario también. Además, el verbo deriva de un nombre propio y traducirlo por trinar o algo así no parecía lo más sensato. Con esto quiero decir que hay anglicismos inevitables o incluso necesarios. Además, la lengua inglesa es muy rápida de cintura y se adapta deprisa a las innovaciones tecnológicas. Glamur empezó siendo glamour, forma con la que la Academia todavía recoge la palabra. Parece uno de esos casos en los que el extranjerismo era necesario, aunque es cierto que se puede traducir por “encanto sensual que fascina”.

La deriva chunga de los anglicismos arranca del esnobismo. Empieza en el momento en el que gente que no domina el inglés, a la que su léxico le resulta tan exótico como el chino, lo satura todo de palabras inglesas. Acabo de toparme con una empresa que anuncia que hace “naming” y con eso quiere sencillamente decir que pone nombres a las cosas. El anglicismo más estúpido de todos es el que tiene, en español, la solución más sencilla: la traslación directa. Por ejemplo, “runner”. ¿Realmente hace falta decir “runner”? ¿Sirve para algo más que para ensuciar nuestro idioma porque somos tan pedantes como para creer que incrustar barbarismos nos da lustre? El neologismo que, en ese caso, nos define es “cosmopaleto”. En cuanto a lo del “running”, correr cuesta mucho esfuerzo y nosotros hemos ido subrayando el mérito de segregar ese sudor con el exotismo de varios anglicismos consecutivos. Correr no se ha llamado correr, sino hacer footing, o hacer jogging. Incluso se ha convertido en un ser: ser runner. SEGUIR LEYENDO...


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