Cuando defender a España es una excepción, por @PepeWilliamMunn



No ha sido la gota que ha colmado el vaso de la ignominia a España porque ya rebosó hace mucho tiempo, pero es otra muestra más de la constante agresión que sufre España por sus infames y traidores políticos con el consentimiento de una sociedad cobarde, ignorante, sin valores e ideales patrióticos. Me refiero al comedor social, exclusivamente para extranjeros, que ha abierto el Ayuntamiento podemita de Madrid pero que lo dirige la Comunidad del PP, con su presidenta Cifuentes a la cabeza, la más progre entre las progres del mundo. Y todo esto es consecuencia de la espoleta retardada que supuso la Constitución de 1978 y su aberrante e imposible “nación de nacionalidades”, que nos está detonando desde hace varios años y que nos acabará por destruir cuando estalle completamente, dejando a la gloriosa y milenaria España en un recuerdo pasado, en una reminiscencia de una gran nación que fue demolida, destrozada y troceada por su propio pueblo, incapaz de defender su Patria.

En un artículo anterior, exponía el sentirse apátrida en la misma España; convivir en una nación que amas pero en la que te sientes un extraño por amarla, por enorgullecerte de su prodigiosa historia y sus gestas nunca igualadas. Y todo ello se debe a que no se dio ni se da la batalla de las ideas, por una derecha que no sólo ha desertado de combatir el mantra de la superioridad moral de la izquierda y su Himalaya de engaños, sino que colabora con ella y da por verdaderas todas las gigantescas falsedades y manipulaciones de la izquierda española, una orgía de mentiras. Así, la derecha da premios nacionales a antiespañoles como el pervertido Goytisolo; a Trueba, el que atenta contra el cine cada vez que nos castiga con un nuevo e infumable bodrio. También, como en 1995, la derecha está de acuerdo (diputado del PP, Bueso Zaera) con conceder la nacionalidad española a todos los antiguos miembros de las Brigadas Internacionales, sicarios de Stalin que cometieron atrocidades sin fin con los padres y abuelos de muchísimos españoles y votantes del PP, un agravio sin precedentes.

Decía San Félix III (Papa del 483 al 492) que “Cuando el error no es combatido, termina siendo aceptado; cuando la verdad no es defendida, termina siendo oprimida”. Es lo que está pasando en esta enferma España a los pocos que nos atrevemos a luchar por la verdad, siempre nadando contracorriente, mirados como apestados. Y aunque lo que acontece hoy nos conduce al pesimismo, me agarro con vehemencia a las palabras que Don Pelayo dijo al traidor Don Oppas cuando éste es enviado por los moros para que se entregue aquél: “No quiero amistad con los sarracenos ni sujetarme a su imperio. Porque ¿no sabes tú que la Iglesia de Dios se compara a la luna, que estando eclipsada vuelve a su plenitud? Confiamos, pues, en la misericordia de Dios, que de este monte que ves saldrá la salud para España”. Ojalá encontremos pronto otra Covadonga que sea fuente de inspiración para la reconstrucción de la gran España, mi querida y añorada España milenaria, paradigma y envidia del mundo.
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