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Crónicas entre rejas (capítulo 5) 12 de Octubre...sonrisas y lágrimas, por @jdevalero


Miércoles 12 de Octubre de 2016 9:30 horas
El día amanece lluvioso, plomizo y gris,…excesivamente gris.
Hoy es Fiesta Nacional y por lo tanto todos los internos que tenemos permiso formamos una larga fila en el interior del pasillo cubierto que conduce al control de entradas y salidas. En el exterior está lloviendo a mares.
-Fijaos que cola hay esperando que nos autoricen para darnos el piro – se queja un interno – Somos un montón de tíos y encima los últimos de la fila,…nos van a dar las uvas, coño…
Antonio Cid Mateos “Gorrión” se encuentra a mi lado pensativo y cabizbajo.
-¿Qué te pasa “Gorrión”…¿no has dormido bien esta noche?
-No, no es eso José Luis,.. es que toda la noche he estado pensando en mis hijas y en el daño que les he causado.
-¿Daño,.. qué daño les has podido causar desde la cárcel?
-Precisamente éste, por estar en la cárcel yo no pude permanecer a su lado cuando más me necesitaban, pero cuando cumpla condena el 17de Enero próximo, entonces las recompensaré con creces. Tengo mis planes perfectamente definidos.
-¿Puedo saber cuáles son tus planes, “Gorrión”?
-Por supuesto, es más, debes saberlos y publicarlos que por algo eres mi biógrafo.
-Dura labor me encomiendas amigo mío, que tu vida ha sido y es una especie de montaña rusa.
-Tienes razón, porque mi vida ha sido una sucesión de altos y bajos, unas veces subiendo a la gloria, para de repente descender a los infiernos.
-No te vayas por las ramas “Gorrión”, y cuéntame tus planes de una puñetera vez.
-Pues verás,… En su día yo pude publicar mis libros aun estando en prisión, y lo cierto es que ofertas no me faltaron, pero me había hecho la firme promesa de que las primeras en leer mis obras impresas serían mis hijas.
-Tranquilo “Halcón Gorrión”, que ya te falta poco para alzar el vuelo y volar junto a tus polluelos.
-No sé,…no sé,…No sé si soy un halcón. Si te parece bien, casi mejor te
respondo con una de mis poesías,…
Y así, como el que no quiere la cosa, mi amigo “Gorrión” me recita al oído “La Fábula del Gorrión”:
Fábula de un gorrión
Que quiso ser un halcón
Sin pensar que la intención
No cambia la condición
Del gorrión al halcón
Pues es una sinrazón
Si has nacido gorrión
Pretender ser un halcón,
Es mi modesta opinión,…
-Estoy en desacuerdo con tu modesta opinión – le contesto – Tras tu apariencia de humilde gorrión, tú eres un halcón con un par de pelotas. Eres un superviviente nato tras diez años de reclusión.
-Mi vida ha sido y es una sucesión de sonrisas y lágrimas, mi querido biógrafo.
Son las 10 de la mañana.
Ha pasado media hora y la fila de reclusos no ha avanzado ni un centímetro, es más, se ha incrementado con nuevos internos que una vez lleno el pasillo cubierto, aguardan en el patio exterior bajo la lluvia calándose hasta los huesos. La peña comienza a cabrearse, el tono de las conversaciones sube de volumen y se convierte en una bronca colectiva.
-¿A qué coño están esperando para autorizar la salida? – exclama el último de la fila – ¡Ya llevamos media hora de retraso!
-¡Yo estoy autorizado para salir a las nueve y media! – grita otro.
-¡Coño, y yo! – repiten al unísono varios internos.
-¡Ya verás como todo este escándalo va acabar mal! – me grita “Gorrión” al oído – Se está rifando una anulación de permisos.
De repente se oye la voz de un funcionario que ordena:
-Disuelvan ahora mismo la fila, que todos regresen a sus respectivos módulos y permanezcan en el interior de sus celdas hasta nuevo aviso.
La anterior bronca se ha convertido en un sinfín de susurros en voz baja.
-Se nos han follao, colega,…
-Nos chingaron, carajo,…
-Aquí pasa algo raro, tronco,…
-Movida…Movida,…
Todas las quejas y objeciones habidas y por haber pronunciadas en castellano y otras lenguas, han sido expresadas “dolcemente”, como un aluvión de suspiros lanzados al viento.
La fila se disuelve de inmediato y todos a una subimos por la escalera principal con destino a nuestros módulos. Ahora el silencio es absoluto. Sólo hablan las miradas de soslayo que nos cruzamos entre unos y otros.
Mi reloj marca las 11:30 horas de la mañana y todo sigue igual.
Silencio absoluto; yo diría que se masca. Permanecemos confinados en nuestras celdas tras unas puertas abiertas de par en par.
Pienso que hoy tenía previsto subir a Facebook y resto de redes sociales mi Crónica 4, pero tal y cómo va la situación creo que no podrá ser.
11 horas, 35 minutos:
Esto pinta mal y lo siento por mi esposa que me está esperando desde las diez y media a once, hora prevista de mi llegada a casa. El café y las tostadas ya estarán frías y mi mujer estará de los nervios temiendo que me haya ocurrido algún percance.
Ni siquiera puedo llamarla por teléfono para comunicar la causa de mi retraso, ni para saber si se ha pinchado o no la primera dosis de insulina que le correspondía a las once de la mañana. Normalmente lo hago a diario desde el C.I.S. a la hora de cada toma, porque con todo este follón carcelario que me ha caído encima, la pobre anda algo alterada y si no estoy pendiente de ella, me temo que pueda sufrir otro coma diabético.
Pero en estos momentos no puedo llamar por teléfono. Y no puedo llamarla porque no debo salir de mi celda a pesar de tenerla abierta de par en par, para después descender por la escalera principal hasta la planta baja que es el lugar donde se encuentra la cabina telefónica.
Tampoco puedo ponerme en contacto con los reclusos de otros módulos porque para averiguar qué coño está pasando, tendría que abandonar mi celda y caminar con dirección al resto de módulos, todos ellos algo alejados del mío ya que el módulo 10 se encuentra separado unos noventa pasos del resto de módulos.
Y caminar noventa metros por los ahora desiertos y silenciosos pasillos sería una temeridad, ya que si me descubren me podría caer un Parte de tres pares de cojones.
Son las 11 horas 40 minutos del 12 de Octubre, Fiesta Nacional,…
Escucho el rugir de varias escuadrillas de reactores y me asomo a la enrejada ventana de mi celda. Abriendo la formación dos 'Eurofighter' en vuelo rasante seguidos de varios cazas de color grisáceo pertenecientes al Ejército del Aire con rumbo directo a la Plaza de Neptuno.
Todos los cazas que forman las distintas Alas de Vuelo están pintados de gris, o eso me parece,…porque es el mismo telón de fondo compuesto por un mar de grisáceas nubes que hoy cubren el cielo de Madrid.
Son las 11 horas 45 minutos:
A esta hora los pilotos de la Patrulla Águila ya habrán abierto las válvulas de los tanques de expulsión portadores de los aerosoles con los colores rojo y gualda, los colores de nuestra enseña nacional, la bandera de nuestra España, que cubrirán con sus matices la capital del Reyno.,….
Pese a quien pese, lo quieran o no, España todavía está unida territorialmente, y ruego a Dios que los políticos independentistas y carroñeros no la despedacen.
12 horas 10 minutos del mediodía:
La puerta central que da acceso a mi módulo se abre con estrépito.
-¡José Luis!,…¿todavía está aquí? – me dice un funcionario – Hace diez minutos que le hemos llamado por megafonía, y al no acudir al control de salidas pensamos que no quería salir o que se habría quedado dormido.
-¿¿Qué no quería salir??,… ¿¿Qué me he quedado dormido?? – manda huevos, mascullo entre dientes – Desde este módulo no se oye el megáfono y hasta ahora, nadie ha venido para darme el permiso de salida.
-¡Vamos hombre, dese prisa en salir que ha venido uno de sus sobrinos a buscarle para llevarlo a casa, que su mujer está muy preocupada! – me dice el funcionario con una sonrisa mientras se aleja hacia el principio del largo pasillo que da acceso a las cuatro celdas del módulo 10.
La mía es la nº4 y está al final: 25 metros de recorrido.
Recojo mi bolsa de viaje y me dirijo lentamente hacia el corredor que conecta con el resto de módulos, cuando percibo que alguien me llama en voz baja y al instante, asoma por un resquicio la cabeza de un interno.
-Psss,….oye Boss, que hace un rato te han llamado por megafonía,…
-Ya lo sé, colega, pero desde mi celda no se oye un carajo.
-Pues aquí dentro todavía quedamos un montón de tíos esperando la jodida orden de salida,…
-Que haya suerte, tronco,…nos vemos mañana.
-Hasta mañana Boss,..y pásatelo bien con la familia,…
Desciendo por la escalera central con precaución, porque bajándola ya me he caído dos veces, aunque la culpa no la tiene la escalera. El culpable es mi puñetero ojo izquierdo que desenfoca.
Salgo al patio exterior. Está lloviendo fuerte y como no tengo un paraguas a mano, me encasqueto el sombrero hasta las orejas.
En el control de salida me está esperando mi sobrino Eugenio.
-¿Estás bien, tío?
-Perfectamente jodido,…Vámonos de aquí, YÁ, ahora mismo, que mi permiso caduca dentro de veinte horas,…por cierto ¿sabes si tu tía se ha pinchado a las once su dosis de insulina?,..
-Pues sí, todo en orden, tío,…tú tranquilo,…
Yo no lo estoy tanto. Vuelvo la vista atrás y mis ojos se clavan en la cúpula de uno de los módulos. Allí arriba, un montón de halcones y otros pájaros de inferior pelaje permanecen todavía enjaulados sin posibilidad siquiera de batir sus alas al viento.
Son las 12 horas y 35 minutos del 12 de Octubre, nuestra Fiesta Nacional.
En la calle hace frío, está lloviendo, siento como un escalofrío y recuerdo que minutos antes mis mejillas se humedecieron al contemplar el vuelo rasante de la Patrulla Águila con sus tanques cargados de amor patrio.
Por un momento pienso que, al igual que “Gorrión”, lo que humedeció mi rostro, quizá fuese el resultado de una mezcla emocional compuesta de sonrisas y lágrimas.
José Luis de Valero.

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