El Diestro -El primer eslabón de la democracia y de la partitocracia- por @Parnasillo

Tocqueville (1805-1859)
Si el hombre tuviera la necesidad de probarse a sí mismo todas las verdades de que se sirve diariamente es indudable que no acabaría nunca; se entretendría en demostraciones previas, sin adelantar un paso. Como no tiene tiempo, dada la brevedad de la vida, ni facultades, a causa de los límites de su inteligencia, para obrar de este modo se ve obligado a considerar como ciertos mil hechos y opiniones que no ha tenido ni el tiempo ni el poder de examinar por sí mismo, pero que otros más capacitados hallaron o han adoptado la multitud. Sobre esta primera base levanta el hombre el edificio de sus ideas propias. Pero no es llevado por su voluntad a obrar así, sino por la inflexible ley de su condición. Tocqueville, La Democracia en America II, Alianza Editorial, 
Nuestro conocimiento es algo mucho más complejo que una serie de eslabones que van uniéndose en un cadena, ya que cada nuevo eslabón puede cambiar la estructura de todos los anteriores, o puede que de una parte de esa cadena. Así ocurre con la idea de democracia. La cadena que nos han presentado como democracia es falsa. Y lo podemos afirmar porque ya falla no un eslabón intermedio: falla desde el primer eslabón de la cadena. Este hecho resulta tan grave que iremos demostrando uno a uno de ellos. Para que se dé una verdadera democracia es necesario que el primer eslabón de la cadena sea la representación. Representar significa estar presente por alguien en algún acto y tomar las decisiones o ejecutar las acciones que la persona representada nos haya encargado. Cuando, por ejemplo, damos unos poderes ante notario a un hermano, o a un amigo de confianza para recoger, digamos, una herencia porque nosotros estamos, por ejemplo, en EE. UU. y no podemos estar presentes en el acto de la lectura del testamento en España, el notario se encarga muy mucho de describir en el documento los poderes que tiene el representante. Eso quiere decir que el representante puede o no aceptar la herencia en nuestro nombre según nuestros deseos. Pero lo que no puede hacer ese representante es comprarse una casa con nuestros poderes porque no le hemos facultado para ello. O peor todavía, que cogiera la herencia y se la diese a una ONG mafiosa dedicada al tráfico de personas, o a cualquiera que pasase por la calle.

Pues el primer eslabón de la democracia es la representación. Con la representación el representante nuestro vendría a ser alguien a quien le damos poderes para proponer unas leyes en nuestro nombre. Y nos va a representar para cumplir con unas instrucciones precisas que son las que vienen dadas por las promesas electorales y el programa electoral. Y en nuestro nombre significa en el nuestro, no en nombre de un jefe de partido. Así que en democracia el representante que va a la cámara baja a proponer leyes tiene que representarnos a nosotros: a la sociedad civil que lo hemos elegido. Puede o no pertenecer a un partido, pero su prioridad no es representar a su partido sino a su distrito electoral.

A nosotros, al carecer de ese eslabón de base no nos representa nadie. La sociedad civil no tiene representantes porque no los hemos elegido nosotros: los ha elegido el jefe de partido y los ha puesto en una lista electoral, pero electoral para ese jefe de partido. Eso quiere decir que los de la lista no nos deben ninguna lealtad: su lealtad es para ese jefe de partido que los ha colocado allí. Cuando el primer eslabón de la cadena es una lista electoral, da igual abierta que cerrada, todo lo que sigue ya no es una democracia. Es otra cosa. Es una partitocracia.


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El Diestro es el primer medio de comunicación, editado por la sociedad civil, que aspira a convertirse en referente de la derecha política española.

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